
Las jugadoras iraníes se negaron a cantar el himno de su país durante la disputa de la Copa de Ásia y cinco de ellas más dos miembros del staff técnico pidieron asilo.
Tal y como les informamos hace unos días, las jugadoras iraníes de su selección fueron protagonistas de una noticia que dio la vuelta al mundo. En su debut en la Copa de Ásia se negaron a cantar el himno de su país como medida de protesta por la situación en la que vive el pueblo de esa nación, que está oprimido por una terrible dictadura. Allí, las mujeres viven discriminadas por su gobierno y carecen de derechos fundamentales.
En este país del Golfo Pérsico, que estos días está siendo bombardeado por Estados Unidos e Israel para cambiar su Régimen autocrático y perverso, la mujer es tratada como un ser inferior al hombre. No hay igualdad alguna. Viven bajo la interpretación teocrática de la sharía o ley islámica en su vertiente más fundamentalista.
DISCRIMINACIONES PARA LAS MUJERES
- Deben usar Hiyab (velo) y llevar cubiertas las piernas
- No son iguales ante la ley
- Reciben la mitad de las herencias
- No pueden pedir el divorcio y en tal caso pierden los hijos. Es legal la poligamia para los hombres
- Necesitan el permiso del hombre para casarse, viajar y trabajar
- No gozan de las mismas condiciones laborales que los hombres
- Legalmente una mujer es inferior, pues su palabra vale la mitad
Quien ose quebrantar estas normas puede enfrentarse a torturas y penas de muerte. Estas últimas pueden ser por lapidación, decapitación, ahorcamiento, amputación de miembros y/o flagelación. El movimiento LGTBI está prohibido y sus miembros son ejecutados por el mero hecho de existir.
Siniestra vuelta a Irán

En estos momentos solo se mantienen asiladas dos futbolistas, Fatemeh Pasandidé y Atefé Ramazanzadé, ya que tres de las cinco jugadoras iraníes, Mona Hamoudi, Zahra Sarbali y Zahra Ghanbari, más la seleccionadora Marziyeh Jafari y Zahra Meshkinkar, miembro del staff técnico, retiraron su solicitud de asilo en Australia y regresaron a Irán tras una estancia en Malasia. Han decidido así renunciar a su estatus de asiladas. ¿Motivo? El Gobierno de los Ayatolás ha amenazado a sus familiares con represalias si ellas no regresan. De hecho, algunos han desaparecido y se desconoce su paradero.
Les dicen que estarán seguras, pero ¿qué se puede esperar de un Régimen que recientemente mató a más de 40.000 manifestantes pacíficos? No hay que ser muy inteligente para suponer cuál va a ser el futuro de las jugadoras que vuelvan. Muy probablemente sean ejecutadas como escarmiento, ya que el hecho de no cantar el himno les supuso la consideración de “traidoras de guerra” y “antipatriotas”. Incluso es muy posible que antes las torturen y hasta las violen. Ojalá que nos equivoquemos.
Presiones insoportables
De hecho, hemos podido saber que la madre de Zahra Ghanbari, capitana de la selección femenina de Irán, recibió amenazas de organismos de seguridad iraníes, incluida la unidad de inteligencia de la temible Guardia Revolucionaria, que es considerada como grupo terrorista por la ONU. También las ha presionado la Federación de Fútbol de Irán. Las integrantes del combinado iraní que se encuentran actualmente en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, transmitieron la información a Ghanbari tras enterarse de la presión que sufre su familia. Ghanbari es la capitana y máxima goleadora histórica de la selección femenina de Irán y solicitó asilo en Australia la semana pasada.

Debemos apoyarlas todos, también el fútbol femenino
No debemos permanecer impasibles ante esta ejecución a cámara lenta. Es obvio que eso es lo que es. Solo los activistas por la igualdad de la mujer protestan y advierten a los gobiernos de lo que sucederá y piden que lo eviten. Reinas del balón también se posiciona del lado de las jugadoras iraníes porque hay que apoyarlas en estos difíciles momentos. Tenemos principios, no nos gustan las injusticias, se trata de futbolistas, se trata de seres humanos.
Lo indignante es que el mundo del fútbol femenino, sus propias compañeras de profesión, se olvidan de ellas. No se han solidarizado. Ni los clubes, ni las instituciones. Nadie. Como si no existieran. Es muy triste.
El fútbol femenino es algo más que una categoría balompédica, es un movimiento social. Aquellas que lo practican y quienes les rodean luchan por la igualdad de oportunidades desde hace mucho tiempo. Aunque se ha prosperado bastante aún queda camino por recorrer.
Reinas del balón está contribuyendo mucho a su crecimiento, al igual que diversos estamentos como la RFEF y la Liga F y otros actores de este mundillo. Este diario se fundó en 2018 y entonces las cosas estaban muy mal en España. No había Convenio Colectivo, quedarse embarazadas era sinónimo de quedarse sin trabajo, las futbolistas apenas podían vivir con su sueldo, los campos eran lamentables y apenas acudían espectadores a los mismos. No hace tanto de eso.
Muchas reivindicaciones y ninguna solidaridad
El fútbol femenino es muy proclive a establecer eslóganes como #MeToo (contra el acoso y el abuso sexual), #SeAcabó (contra el machismo), #NotWomensFootball (que reivindica que no se denomine a este deporte con distinciones por su género sexual), etc. Además, también son famosas acciones como las poses arrodilladas de los onces iniciales para denunciar racismo y desigualdad.
Estamos trabajando día tras día por conseguir la igualdad en DERECHOS y DEBERES entre ambas categorías deportivas, la masculina y la femenina, así como entre hombres y mujeres.
Ahora son estas mujeres, las jugadoras iraníes quienes necesitan el apoyo de todos y la solidaridad de sus compañeras de profesión, que son las primeras que deben dar ejemplo. Ellas también pueden aportar para presionar en su favor a quienes tienen mayores recursos para protegerlas, para velar por sus vidas.
En Reinas del balón, les damos voz en la medida de lo posible. Por favor, ayúdenlas. Son seres humanos y no merecen el futuro que les espera.
Autor: Luis Fernando Ramos Martín
Foto principal: EFE





