Los Juegos Paralímpicos y la marginación

Juegos Paralímpicos

Hace escasos días concluyeron los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Sin duda, fueron los más atípicos de la historia por la consabida pandemia de coronavirus. Hubo muchos problemas para organizarlos, aunque al final todo salió más o menos bien. Gradas vacías y aumento de casos entre los deportistas y miembros de las delegaciones. Eso fue lo peor. Ahora, como cada vez que se celebran unas Olimpiadas, comenzarán los Juegos Paralímpicos. Los de Tokio 2020 se iniciarán el 24 de agosto y finalizarán el 5 de septiembre.

Los Juegos Paralímpicos son el patito feo de los Olímpicos. Apenas se conocen, porque apenas se les da cobertura. En ellos compiten ese sector de la población más desfavorecido y marginado. No nos referimos a quien lo es por razones de sexo, raza o religión, sino a los discapacitados físicos, mentales o sensoriales.

Fueron fundados por el doctor Ludwig Guttmann. La primera edición se celebró en Roma en el año 1960. La idea de organizar algo así nació tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, la segunda mayor locura humana. Este conflicto bélico no solo dejó millones de muertos y cientos de miles de desplazados. También multitud de personas, civiles y militares, sufrieron amputaciones y otras secuelas sensoriales. El doctor Guttmann organizó alguna competición para militares.

Los Juegos Paralímpicos se llevan a cabo cada cuatro años, semanas después de finalizar los Olímpicos. En la misma ciudad. Solo en los JJOO de Moscú 1980 no hubo Paralimpiadas. ¿La razón?, la estupidez de un régimen político, el de la extinta URSS, que alegó que en su territorio no había ningún minusválido. Y es que estas PERSONAS, quien escribe este artículo también, son una vergüenza para las mentes obtusas. Pese a ser como cualquiera. Respiran, sienten, viven y disfrutan con el deporte como los demás. Ríen por las alegrías, lloran por las penas y sufren por la incomprensión.

También hay Juegos Paralímpicos de Invierno. Los primeros se celebraron en la ciudad sueca de Örnsköldsvik en 1976. En ellos se compite en biatlón, curling en silla de ruedas, esquí alpino, esquí de fondo, hockey sobre hielo y snowboard.

Por su parte, en los Juegos de Verano se practican 22 disciplinas deportivas. Atletismo, bádminton, baloncesto en silla de ruedas, boccia, ciclismo, esgrima en silla de ruedas, goalball, levantamiento de pesas, hípica, judo, natación, piragüismo, remo, rugby en silla de ruedas, taekwondo, tenis de mesa, tenis en silla de ruedas, tiro con arco, tiro olímpico, triatlón, voleibol sentado y, por supuesto, fútbol. Más concretamente, fútbol 5.

Hay diferentes tipos de categorías entre alguno de estos deportes, según el tipo de minusvalía y el grado de esta.

En la Carta Olímpica se recogen los principios del Espíritu Olímpico. Este aboga por la “comprensión mutua, solidaridad y amistad”. Además, rechaza “cualquier forma de discriminación orientada a un país, raza, religión, política o género”, ya que “es incompatible con el movimiento Olímpico”. En resumen, por la igualdad.

Evidentemente, los Juegos Olímpicos y Paralímpicos son un buen ejemplo de ello. Aunque no siempre a lo largo de la historia ha sido así. Incluso aún persisten discriminaciones, especialmente hacia la mujer. Lo hemos visto en las Olimpiadas de Tokio 2020, como en otras anteriores.

Lo malo es que también las hay en los Juegos Paralímpicos. No se puede entender que no exista el fútbol 5 femenino. Solo hay de categoría masculina. ¿Acaso no hay mujeres discapacitadas que desean jugar a esta modalidad futbolística? La respuesta es obvia. Por supuesto que sí. Muchas jóvenes y no tan jóvenes se sentirían felices de poder participar. Ellas merecen vivir esta experiencia, competir en la mayor competición deportiva del mundo.

Ya lo dijo el Barón Pierre de Coubertin: “Lo importante no es ganar, sino participar”. Pues precisamente eso es lo que desean las futbolistas, participar, pues no por minusválidas son menos válidas.

 

Autor: Luis Fernando Ramos

Fotografía: Paralympic Games

 

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