Grandes iconos de la historia del fútbol femenino

Muchas son las mujeres que hoy en día pueden jugar libremente en equipos de fútbol femenino, sabiendo su condición de mujeres y demostrándolo a todo el mundo. Pero hace muchos años, esa situación era totalmente distinta. Tanto que hasta estaba prohibido que las mujeres pudieran ponerse pantalón corto y ya no digamos jugar al fútbol.

La historia del fútbol femenino no ha sido para nada como la historia del fútbol masculino, y mucho menos el principio. Para que las mujeres hoy en día podamos jugar al fútbol en equipos hemos tenido que luchar mucho para que nos dieran unos derechos que al hombre no tuvo ni que pedir porque ya los tenía de antemano. Muchas mujeres en la historia han luchado por un deporte que desde pequeñas sentían como algo suyo, y que han tenido que demostrar que podían valer para ello.

Empezando porque hace muchos años nacer mujer era un castigo para las culturas europeas, que hoy en día sigue siendo para países asiáticos y africanos, para muchas profesiones muchas mujeres tuvieron que inventarse un personaje varón ficticio tras el que esconderse para poder realizar una actividad o desarrollar una profesión que muchas de ellas amaban y que sentían como algo parte de su ser.

Por eso no suena disparatado, que muchas mujeres en el mundo del fútbol hayan tenido que esconderse con disfraces para poder ejercer este deporte tan ansiado por ellas.

En España tenemos un caso reconocido, de una jugadora a la que apodaron sus compañeros «La Veleta». En realidad su nombre fue Ana Carmona, Nita para los amigos y nació en 1908 en el barrio malagueño de Capuchinos. Desde bien pequeñita le gustó el fútbol viendo partidos de fútbol entre los compañeros de trabajo de su padre, y pronto ingresó en un club como ayudante de masajista, ya que de jugadora estaba terminantemente prohibido poder jugar.  El club era el Sporting de Málaga, y sus ganas fueron tales que la pionera consiguió integrarse en el equipo vestida de hombre. Se vendó los pechos y se cortó el pelo como un chico, sus compañeros al ver su calidad de juego la aceptaron como una más y la guardaron el secreto. Parecía una novela pero fue totalmente verídico, en el campo de juego era un chico y en la calle una chica y su apodo surgió de la velocidad con la que se cambiaba la ropa para que nadie la pillara, tanto que sus compañeros la apodaron «La Veleta». Pero tan mala suerte que tuvo, que la castigaron varias veces por desorden público, sin especificar el porqué, tanto que ya estaba señalada y tuvo que cambiar de ciudad. Se trasladó a Veléz, donde también siguió jugando pero con tan mala suerte de que murió con tan solo 32 años.

Otro icono del fútbol femenino lo tenemos de hace bien poquito, con Maribel Domínguez, apodada «Marigol». Cuantas jugadoras de ahora veinte años he entrevistado y te cuentan que empezaron jugando en equipos de chicos cuando eran pequeñas, porque de chicas no había suficiente para organizarlo en donde residían. Pues con Maribel Domínguez, nacida en México, pasó algo parecido en parte. Marigol siempre supo que quería jugar al fútbol, pero hace treinta años en México no era para nada bien visto que una mujer se dedicará a este deporte. Con lo cual, ella desde bien pequeña supo que para cumplir su sueño debería de dejar de ser ella, y así lo hizo. Se disfrazó de hombre y se hizo llamar Mario.

Al ver que su pasión se le daba bien, en el 2004 tomó la decisión, con tan sólo 24 años, de coger un avión e irse a USA a probar suerte. Y tan buena era que metió 17 goles en su primera temporada  y fue nombrada MVP ese año. También ese mismo año, dorado para Marigol jugó los JJOO de Atenas y acabada la competición un equipo masculino, el Celaya, la quitó fichar pero la FIFA se negó.

Pero eso no la paró su deseo de seguir en el mundo del fútbol  y fichó por dos temporadas con el FC Barcelona femenino. Tan productivas fueron esas dos temporadas que la FIFA la nombró la sexta mejor jugadora del mundo. Ahora a sus 42 años sigue ligada al mundo futbolístico perteneciendo al equipo técnico de la selección de su país.

 

Autora: Alicia Rodríguez

Fotografía principal: Jesús Hurtado

Fotografía interior: Milenio

 

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