Futbolistas mexicanas publican un manifiesto que exige garantizar la equidad de género

Este jueves, varias jugadoras de la Liga BBVA MX femenil difundieron por la red social Twitter un manifiesto que dibuja y denuncia la situación actual del fútbol femenil profesional, y en el que se plantean los escenarios que sí quieren. La apuesta central es por la equidad de género. También lo firmaron y compartieron directoras técnicas de la Liga, como Eva Espejo y Carla Rossi, de los clubes Tuzos del Pachuca y Xolos de Tijuana, respectivamente.

Las futbolistas impulsan el desplegado desde la plataforma de la Asociación Mexicana de Futbolistas (AMFpro) y emplean las etiquetas #CuandoTodasJuegan y #FutbolConEquidad. Previo a compartir el manifiesto, el 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, hubo una reunión de trabajo con temas diversos en pro del fútbol con equidad, según se anunció en la cuenta de Twitter de la AMFpro.

En torno a la lucha de las mujeres por condiciones dignas de vida, y en acciones que visibilizan las violencias hacia las mujeres y sus implicaciones, en el país, las futbolistas se han manifestado, por lo que no sólo se posicionan respecto a su trinchera: el fútbol. Por ejemplo, los equipos femeniles de clubes como Tigres y Chivas decidieron unirse al paro nacional del 9 de marzo, por lo que ese día no entrenaron. Ese llamado nacional para las mexicanas a no acudir al trabajo, a las escuelas, a no participar de las labores de casa, fue una invitación a tomar consciencia sobre la contribución de las mujeres en distintos ámbitos (económico, político, social, cultural, entre otros), en una denuncia también por dar cuenta que el Gobierno y la sociedad no hacen lo necesario para que las mujeres no sean violentadas, asesinadas o desaparecidas, en México.

Respecto a esta realidad, en días previos hubo el rechazo expreso por parte de jugadoras hacia las violencias en contra de las mujeres. Por ejemplo, en la jornada 8 del Torneo Clausura 2020, previo al partido que terminó en goleada, las futbolistas de los clubes Pachuca y Querétaro se tomaron la foto oficial, esta vez con una particularidad: lo hicieron juntas y con los brazos cruzados, formando una tache. La directora técnica de las Tuzas, Eva Espejo, explicó en rueda de prensa que ante la movilización feminista y los feminicidios y otras violencias hacia las mujeres, que han cobrado mayor visibilidad en el país en las últimas semanas, las jugadoras de ambos equipos se pusieron de acuerdo para la toma de foto de esa manera.  En esa misma jornada hicieron lo propio las del América y Toluca. Además, el 17 de febrero, las convocadas de Tigres para el juego de ese día, se tomaron la foto de su equipo también con los brazos cruzados. La imagen fue publicada en la cuenta de Twitter, con el mensaje: “En solidaridad con las mujeres que son víctimas de violencia en México y el mundo, todas unidas”.

Sobre el manifiesto, resta ver qué respuesta dan los clubes de fútbol y la Liga, para que los escenarios que se plantean en pro de la equidad se vuelvan una realidad, y constatar qué otras acciones emprenden las futbolistas.

Mencionar que sin anunciar acciones que respalden su discurso, el Club Deportivo Guadalajara organizó una iniciativa para el 10 de marzo, con el fin de «colaborar a concientizar a la gente en general sobre el valor y la importancia de las mujeres a cualquier nivel». Se trató de un partido llamado «el Juego X la Equidad», en el Estadio Akron, al mediodía, con entrada libre, en el que equipos mixtos de las Chivas varonil y femenil disputaron el encuentro. Esta fue la segunda edición de este tipo de partido.

 

El manifiesto completo está disponible en este enlace

 

Cuando todas juegan

Hoy vivimos uno de los cambios sociales más vertiginosos de la historia. El empoderamiento femenino representa un cambio, a veces incómodo, al status quo. Gracias a la labor de muchas mujeres, hombres, y al movimiento feminista en todas sus dimensiones, dicho concepto es parte de nuestro día a día y está cambiando las formas de ver y ser en el mundo. Paso a paso, estamos alejándonos de una sociedad con ideas de dominación, poder y sometimiento de grupos para construir una sociedad solidaria, equitativa y de convivencia justa.

Por ello, en el afán de que el balón del desarrollo humano siga rodando, las personas del fútbol firmamos este manifiesto con el fin de reconocer la situación actual del deporte femenil, plantear las necesidades que aún quedan por satisfacer, y los retos que aún nos separan de una verdadera equidad de género.

Reivindicamos que las mujeres sean reconocidas como personas, seres humanos completos. Es decir, que las futbolistas y demás mujeres en el ámbito futbolístico puedan ser madres, estudiantes, y trabajadoras por elección, sin necesidad de enfrentar barreras de género históricas y sistemáticamente impuestas.

La vida personal y el fútbol profesional no tienen que ser mutuamente excluyentes. Estudiar o trabajar a la par de jugar tendría que ser posible si las jugadoras así lo desean, pero no tendría que ser un complemento necesario debido al poco valor que la sociedad y su lógica económica le dan al deporte de alto rendimiento femenil comparado con el varonil.

Actualmente, si un hombre desea combinar su vida laboral con el fútbol puede hacerlo, y en la mayoría de los entornos, pareciera estar obligado a asumir como jefe de familia. Más aún, si juega fútbol profesionalmente puede gozar de un salario que le permitirá dedicarse, por elección, de lleno a esa sola profesión. En cambio, si las mujeres optan por dedicar su vida al fútbol, reducen significativamente sus posibilidades de crear una familia bajo su sustento, pues la brecha salarial es tan amplia que las obliga a trabajar en otros ámbitos con el fin de subsistir y llevar una vida digna. Además, embarazarse y formar una familia no tiene que significar abandonar el fútbol profesional. Si los clubes y las jugadoras trabajan juntxs, tener hijxs no tiene que afectar el rendimiento en la cancha. Ahora bien, si mujeres futbolistas no desean formar una familia, también están en su derecho de elegir no hacerlo, pues no deberían cargar con estigmas y expectativas de género traducidas en el rol histórico asignado a las madres.

Una persona, independientemente del género, es completa cuando es libre y capaz de decidir hacer lo que quiera, porque individual y socialmente, sus preferencias y decisiones tienen un valor en sí mismas, desligado a su condición de hombre o mujer. Sin importar si son preferencias estereotípicas o no.

Pedimos que la industria del fútbol y todas las personas que participan en ella dejen de ver quién juega, quién transmite, quién comenta y quién dirige, para enfocarse en cómo juega, cómo transmite, cómo comenta y cómo dirige. Pues el valor de las acciones viene del significado del deporte mismo, no de quién las lleva a cabo.

En el momento en que el valor se desligue del género, hablaremos de una verdadera equidad. Cuando hay equidad, no hay resentimiento. El hecho de otorgarle a las mujeres espacios que antes no eran concebidos para ellas no es un juego en el que ellas ganan y ellos pierden. El empoderamiento femenino es una provisión más incluyente de derechos que no busca en sí poder y superioridad, sino justicia y equidad. No busca diferenciar a unos grupos sobre otros, sino construir un ideal de desarrollo conjunto que reconoce y valora la diversidad como condición indispensable del progreso.

Progreso es aspirar y lograr la mejor versión de nosotrxs mismxs, no la mejor versión masculina ni la mejor versión femenina. Se debe acabar con los roles de género y la idea de que un sistema previamente dominado por hombres nos “permitió”: jugar, narrar, dirigir, hablar, discutir y entrar al mundo del fútbol.

Demandamos una verdadera equidad que aspire a hacer del fútbol femenil un negocio propio y autosustentable, ajeno a los ingresos y los resultados de sus contrapartes varoniles.

El fútbol profesional femenil, como cualquier actividad empresarial, debe reinventarse con el fin de ofrecer un producto atractivo y de calidad, y de diversificar el mercado futbolístico y deportivo para beneficio de la afición. El Mundial de Francia 2019, junto con otras ligas nacionales, son un ejemplo del mercado y del potencial de negocio que el fútbol femenil representa.

Sin embargo, aún no se cuenta con la misma intención de negocio ni con los mismos espacios lucrativos que el fútbol varonil. Los horarios “prime” difícilmente son para las escuadras femeniles. La logística e inversión que permiten el máximo rendimiento en la cancha no son iguales en la mayoría de los casos: las mujeres viajan en su mayoría en camión, muchas veces más de 6 horas, y a veces hasta el mismo día. No se busca una estrategia diferenciada de patrocinios, no se valoran los logros femeniles en la misma forma, se juega en estadios o canchas de menor envergadura y capacidad, no se televisan juegos en canales de alcance masivo, y algunos ni siquiera se televisan, y tampoco se conciben proyectos de fuerzas básicas ni de divisiones inferiores.

Estamos conscientes de que la búsqueda de derechos no condicionales al género también implica asumir responsabilidades: trabajar, capacitarse, entender el juego, pulir técnicas, innovar, analizar, vender, crear mercados, resolver problemas, usar tecnología, rendir bajo presión, dar resultados. No nos asusta, ni le huimos. Tener la misma oportunidad de someterse a estos retos, de ser tratadas con la misma exigencia que a los hombres, y obtener ganancias respaldadas y acorde al trabajo realizado, también es equidad.

Demandar una paridad salarial, considerando los salarios estratosféricos y las grandes sumas de dinero que mueve el fútbol varonil es una locura. Pero tampoco el fútbol tiene que ser un espejismo empobrecedor para las mujeres, mientras que a los hombres les puede asegurar la vida de hasta tres generaciones. Es a todas luces injusto cuando se sueña con lo mismo: vivir y trabajar haciendo lo que amamos y nos apasiona en la vida.

Exigimos acabar con las formas actuales del juego cuyos roles de género aún enquistados agreden desde el lenguaje, acosan, y censuran todo aquello que las cuestiona.

Mediáticamente, para hablar del talento y fútbol femenil se siguen utilizando tecnicismos relacionados con un referente masculino, y en clave de consumo varonil. Se sigue hablando de cuerpos de jugadoras en vez de hazañas deportivas, de equipos femeniles como apéndices de su franquicia varonil, de futbol femenil como de segunda categoría o como de fuerzas básicas.

Reconocemos el trabajo hecho por medios independientes, corresponsales y periodistas que superan los temas “populares” y se atreven a explorar temáticas interesantes y distintas, cuestionando la simplicidad del contenido tradicional en el gremio del periodismo deportivo, y mayormente expresado en el futbolístico. Su labor es crucial para lograr que el fútbol sea un conversatorio donde todas las personas tengamos voz y una historia digna que contar.

El punto es lograr la objetividad con base en hechos y desempeño futbolístico, no objetivar a futbolistas hasta reducirles a productos de consumo visual y sexual sin su consentimiento. Cambiar las cosas implica hablar, cuestionar y contraponer no sólo visiones, sino el lenguaje mismo.

Celebramos que el fútbol femenil se haya catapultado como un movimiento revolucionario en sí mismo y deseamos que continúe como plataforma activista

Es necesario buscar una extensión de derechos a grupos humanos históricamente sojuzgados: mujeres, comunidad LGBT+, grupos desaventajados socioeconómicamente, ambientalistas, etc. Refrendamos el compromiso de hacer del futbol un deporte incluyente que valore a las personas en sí mismas, independientemente del género y de un sistema inequitativo que preserva privilegios discutibles, no garantiza derechos humanos incontrovertibles, y solapa incluso, la violencia sobre dichos grupos.

Basta ya de hablar de una “superioridad moral” mal entendida en una pasividad esperada de estos grupos, y de las personas aquí firmantes. Todas las personas tienen derecho a denunciar aquellos lastres que perpetúan la desigualdad y un “avance” parcial. La sed de cambio ha históricamente detonado transformaciones profundas que han pautado el desarrollo, y esta no tiene por qué ser una cualidad valorada en los grupos dominantes pero denostada en los desfavorecidos.

Eso también es equidad: eliminar el “deber ser” de acuerdo con roles de género, para reconocer y valorar quienes somos: personas con habilidades, intereses y demandas válidas, sin etiquetas, sin la necesidad de tener que llenar expectativas impuestas por estructuras de poder ajenas. Para ir en contra de estas expectativas es necesario, primero, hablar de género, aunque incomode. Porque sólo resaltando las diferencias y nombrando el problema, se puede avanzar en una solución que acabe con dichas diferencias. Así, eventualmente, no será necesario hablar de género, pues se superarán las diferencias y habrá equidad. Ese es nuestro compromiso. Por eso firmamos e invitamos a quien quiera hacerlo.

Si algo nos enseña el futbol es que no todo es ganar. Las formas importan, y si esta forma es una de suma global y que inspira valores comunitarios de cooperación y respeto a la diversidad, con esa nos la jugamos. ¿Esta forma incomoda? No más que la actual.

Al final, la cultura puede moldear al ser humano, pero la humanidad tiene el poder de cambiar la cultura. Hoy hablamos de género para de-generar el mañana: para que en el transcurso de esta década deje de ser tema, porque la equidad será real. Ese es nuestro partido, y queremos que lo juegues con nosotras.

 

Autora: Miriam Padilla

Fotografías: AMFproMX

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