El Mundial ha concluido. Larga vida al fútbol femenino. Equal pay

El Mundial de Francia llegó a su fin después de un mes apasionante. La guinda a todo lo vivido no pudo ser mas sabrosa, la antigua campeona del mundo, Estados Unidos, frente a la campeona de Europa, los Países Bajos. Podía haber habido otra final con conjuntos poderosos aunque no adelantarían a esta en brillo y calidad. Ganó quien todos pensábamos que iba a ganar. La selección favorita en todas las apuestas, en todas las porras de amigos. Desde abuelas centenarias a niños de teta todos ubicarían a Rapinoe y sus colegas en el número uno. Ganó Estados Unidos y desde la frialdad de un razonamiento imparcial y sin la contaminación de ninguna pasión, he de decir que ganó merecidamente, fueron las mejores. Siempre crearon peligro y marcarles un gol constituía un nuevo episodio de Misión Imposible. Así de simple, así de indiscutible. Como diría el maestro holandés, «jugar al fútbol es simple, pero jugar un fútbol simple es la cosa más difícil que existe«. Pues algo similar es lo que hicieron los Estados Unidos. Enhorabuena a las campeonas.

En estas cuatro semanas hemos visto de todo. Partidos emocionantes, otros al borde del infarto, algunos, los menos, aburridos; Goles en los últimos segundos, tantos marcados cuando todavía no nos habíamos acomodado en el sofá, paradas increíbles, remates imposibles; regates, despejes, cabezazos de todo tipo. Vimos a futbolistas llorar de pena, de alegría, de sufrimiento y dolor. Caras tensas hasta comprobar la decisión del VAR, jugadoras extenuadas por el esfuerzo. En fin, todo lo que un acontecimiento de la magnitud de un Mundial nos puede deparar, todo lo que este maravilloso deporte llamado fútbol puede generar. Que lástima que tengamos que esperar otros cuatro años, se me antoja una demora exagerada.

Este Mundial nos ha deparado también récords en cuanto a la asistencia en los estadios. En la final, en las semifinales y como no en muchos otros encuentros, las gradas mostraban un aspecto magnífico con el colorido que los asistentes aportaban. El seguimiento a través de los diferentes canales de televisión ha constituido todo un éxito sin parangón. Incluso, y este es un dato muy importante, las ventas de las camisetas de la selección norteamericana han sido superiores a las de cualquier otra, no ya selección, sino club de fútbol. Repito, dato a tener muy en cuenta, no sólo como anécdota, o cifra curiosa para las estadísticas, sino como aviso a medios de comunicación, empresas dedicadas al deporte o no, y gobiernos de los países. Éste ha sido el Mundial de la visibilización del fútbol femenino, por añadidura del deporte femenino y por supuesto de la lucha por una sociedad justa donde tanto hombres como mujeres disfrutemos de los mismos derechos, obligaciones y beneficios.

La comparativa con el fútbol masculino surge de manera inevitable para los que no son capaces de aceptar la evidencia, o para los que continúan poseyendo unos prejuicios obsoletos, o para los que no están capacitados para ver mas allá de sus narices. Por cierto, ¿Cuántos altercados han acontecido en los alrededores de los estadios? Y, ¿cuántas aficiones se han citado para pegarse antes de los partidos?. ¿Alguien vio alguna acción violenta en las gradas?. Yo lo más salvaje que vi fue a un niño atacando a un perrito caliente y devorándolo de dos dentelladas. ¿Cuántos grupos de descamisados increpando a las rivales hemos presenciado? ¿Cuántas banderas o simbología nazi o fascista hemos tenido que aguantar?  ¿Se silbaron o se respetaron los himnos? ¿Cuántas jugadoras después de una falta se han levantado y se han revuelto contra la infractora? ¿Cuántas tras una decisión de la colegiada se han encarado con malos modos? ¿Cuántas árbitras han demostrado abuso de autoridad? ¿Cuántas referís no se dirigieron a las jugadoras con educación y respeto?  ¿Cuántos tumultos o grescas se montaron entre las jugadoras? Sí, hubo un intento de abandono por parte de Camerún, es cierto, pero violento desde luego no fue. Mientras que se consultaba el VAR ¿las jugadoras se mostraban agresivas? ¿Cuántas deportistas se mofaron de las rivales? ¿Cuántas escupieron a las del equipo contrario? Podíamos continuar haciendo preguntas y creo que todas ellas nos conducirían al mismo espacio, irremediablemente nos llevarían a la conclusión de que este es un deporte admirable, el fútbol, el fútbol femenino.

Y España, ¿qué?. Pues España bien. Era la segunda oportunidad que nos presentábamos en la fase final de un Mundial. Conseguimos ganar nuestro primer partido, con remontada incluida. Y logramos pasar de la primera fase, la de grupos. ¿Pudo estar mejor? Si, por supuesto que si. Lastima que nos cruzamos con el ogro americano a las primeras de cambio, ¿qué hubiera ocurrido de no habernos visto las caras con Morgan y compañía? No lo sabemos, no lo sabremos nunca. Lo primero que me gustaría apuntar es que nuestras jugadoras se vaciaron en el terreno de juego. Las que disputaron muchos minutos, las que sólo disfrutaron de unos pocos y del mismo modo las que no dispusieron ni de un sólo segundo en el verde, todas, absolutamente todas dieron el cien por cien de sí mismas. Que hubo fallos, por supuesto que los hubo. Que faltó acierto en ocasiones, claro que sí; pero lo mismo les ocurrió a las alemanas, a las holandesas, a las suecas o a las mismísimas norteamericanas. Nada que podamos reprochar al talentoso grupo de jugadoras que nos representaron en Francia.

Hubo cosas y situaciones que a mí no me gustaron, por ejemplo la queja sobre la eliminación, se incidió demasiado en los dos penaltis que se pitaron en contra de España. No podemos quedarnos en eso, cuando nos pitan dos penas máximas a favor el VAR y la colegiada son fabulosas, y cuando es en contra son muy rigurosas. No, no puede ser. Hay que admitir las coyunturas, hacer autocrítica, sacar conclusiones y continuar creciendo. Si caemos en la autocomplacencia y en culpar al empedrado nos irá muy mal.

España jugó sus mejores pasajes contra los rivales mas poderosos, Alemania y Estados Unidos; en principio potencias contra las que lo normal sería caer derrotadas. Por contra cuando nos enfrentamos a Sudáfrica y China, contrincantes asequibles, donde éramos las favoritas, nos costó hacernos con los tres puntos, de hecho con las asiáticas no pasamos del empate. Con el potencial y la calidad de nuestras jugadoras que esto se produzca denota que nos queda trabajo por hacer, automatismos por conseguir, saber competir, etc.

Se que es fácil ahora, como se suele decir a toro pasado, hablar de lo ocurrido y enmendar errores y hacer «predicciones del pasado». No, de ninguna manera es esa la intención, como ya he dejado claro opino que todas las integrantes de la expedición española dieron el cien por cien. Esto no quita, que ahora, cuando ya no hace daño, ya no crea mal ambiente en el grupo, podamos expresar opiniones y comentar asuntos que no nos gustaron o con los que no estamos de acuerdo. Al final siempre es cierto que dentro de cada uno hay un seleccionador.

A mi y recalco, es una opinión personal,  no me gustó como desaparecieron algunas jugadoras del once inicial. Comparando y apuntando en el debe y en el haber, parecía un castigo. Quiero suponer, y seguramente es así, que el seleccionador lo que intentaba era dar con la tecla. También me extrañó mucho, muchísimo que Ángela Sosa no estuviera entre las elegidas, ¿por qué?. La respuesta es sencilla, muy sencilla. La rojiblanca lleva varias temporadas jugando a un nivel excelso, aunque no le dio para entrar en la lista. ¿Hubiéramos ganado el Mundial con ella? Por supuesto que no, ni siquiera hubiéramos vencido a Estados Unidos. Pero choca que la mejor jugadora de la Liga Iberdrola no tuviera plaza para Francia.

El Mundial concluyó dejándonos un gran sabor de boca, lo disfrutamos al máximo, nos divertimos como nunca. Gracias infinitas a todas las jugadoras, a todas, por hacernos pasar unos días soberbios.

El Mundial ha concluido. Larga vida al fútbol femenino. Equal pay.

 

Autor: Emilio Mahugo

Fotografía: Alejandro Reguero

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